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| Autor: |
Alberto Gómez Font (Filólogo del Departamento de Español Urgente)
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| Fuente: |
Cultura e Interculturalidad
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| Sección: |
Contextos culturales hispánicos en los medios de comunicación y en las nuevas tecnologías. |
Cada
vez son menos los usuarios del español que dudan sobre quién o quiénes
dictan la norma de uso; no son los diccionarios, ni las gramáticas, ni
los libros de ortografía; hoy en día las verdaderas guías de uso del
español actual son los manuales de estilo, y la mayor parte pertenecen
a los medios de comunicación, es decir, a la prensa, tanto escrita como
oral; manuales que, en muchas ocasiones, están redactados o
supervisados por expertos en la lengua, y en los demás casos están
copiados de los primeros. Así, pues, cualquier persona que se aproxime
al estudio del español deberá tener muy en cuenta este tipo de
publicaciones, en las que encontrará resueltas muchas de las dudas que
se irá planteando a medida que avance en su conocimiento. Y también hay
que tener en cuenta que los verdaderos maestros del español son los
medios de comunicación, que se encargan de difundir los nuevos usos de
la lengua. Veamos ahora la historia de algunos de esos manuales.
El primer libro de
estilo de un medio de comunicación del que tengo noticias —me refiero a
los que están escritos en español— es el Manual de Selecciones (Normas generales de redacción),
preparado bajo la dirección de Jorge Cárdenas Nanneti, y publicado el
año 1959 en La Habana por Selecciones del Reader's Digest S.A. El libro
está destinado a lograr una buena traducción del inglés —idioma
original de la revista— al español, y contiene además una serie de
normas gramaticales y ortográficas de gran utilidad, y que coinciden
casi totalmente con los que años después aparecerían en el Manual de Estilo de la Agencia EFE.
Cinco años después, en 1964, se editó en México un Manual de Noticias Radiofónicas, (1) del que sólo conozco el título y el autor, y diez años más tarde, en 1974, apareció en Buenos Aires un libro titulado Normas de estilo periodístico (2) de cuya existencia sé porque aparece citado en alguna bibliografía
Y al año siguiente apareció la primera edición del libro de la Agencia EFE, en 1975. Y paso ya a contar la pequeña historia de algunos manuales de estilo, comenzando por el de la Agencia EFE, del que soy coautor debido a mi trabajo como filólogo del Departamento de Español Urgente desde su creación, hace ya casi 18 años.
Manual de Español Urgente de la Agencia EFE
La primera edición no
es un libro propiamente dicho, pues no está editado ni encuadernado
como tal, sino que se trata de unas hojas mecanografiadas —31 folios—
por una sola cara y encuadernadas con unas tapas de cartulina fina, y
en la que hace de portada puede leerse: Agencia EFE S.A. Madrid. Manual de estilo de efe-exterior . Primera edición, 1975.
En la introducción,
titulada "Justificación", se explica que la pretensión es dar ideas
generales que sirvan de orientación para armonizar el estilo
redaccional de manera que el servicio de EFE tenga un estilo propio. Y
sigue diciendo: "Nos proponemos dar unas normas claras para que los
redactores las tengan en cuenta en el momento de escribir y transmitir
las informaciones, aunque sin prescindir nunca del ingenio propio y de
las innumerables posibilidades de expresión que ofrece nuestro idioma.
Pero, cuidado, que no inventa quien quiere, sino quien puede".
El Manual está
dividido en dos partes, la primera dedicada a explicar cuestiones de
transmisión y tipos de noticias, y la segunda, titulada "Anexos",
dedicada a cuestiones gramaticales y léxicas.
El primer libro propiamente dicho de la colección es la 2ª edición de un librito titulado Manual de Estilo,
fechada en 1976. Y lo llamo librito porque es de pequeño formato y
apenas tiene 65 páginas. De su redacción se encargaron los responsables
de la "redacción central" de la Agencia EFE, entre los que había una
cierta pugna que los dividía en "españolistas" y "americanistas" en
cuanto al ciertos usos del español, como en el caso del pretérito
perfecto y el indefinido, pulso que ganaron los defensores del
indefinido. Llama también la atención la censura de cualquier uso del
gerundio y de la pasiva, sea o no sea correcto. Por alguna razón
inexplicable alguien impuso su criterio y prohibieron nada más ni nada
menos que el pretérito perfecto, la pasiva y el gerundio. El libro está
dividido en tres capítulos: "Información" (normas éticas), "Redacción"
(cuestiones de estilo y algo de gramática, muy poco aparte de las
prohibiciones antedichas) y "Transmisión" (tipos de noticia,
prioridades...). En su preparación se tomaron como modelo de referencia
los libros de estilo de las agencias norteamericanas A.P. y U.P.I.
En 1978 apareció un
segundo libro, pero no es la tercera edición, como cabría esperar
teniendo en cuenta que la anterior era la segunda, sino que consta como
primera, y con él comienza la numeración que, como iremos viendo, en
1998 ha llegado a la duodécima edición.
Escribió el libro, también titulado Manual de Estilo,
Fernando Lázaro Carreter, por encargo del presidente de EFE, Luis María
Ansón, que quería que los periodistas de la Agencia Efe escribiesen de
una manera "ágil, concisa y elegante" y pretendía que los servicios
informativos de la agencia, que ya se distribuian ampliamente en todos
los países hispanohablantes, desempeñasen un papel homogeneizador del
lenguaje periodístico en castellano. Para ello creyó necesario contar
con un manual de estilo que tuviese respaldo académico; un manual que,
además de normas de redacción periodística, contuviese una síntesis de
gramática y sintaxis y que fuese aceptado como modelo para la
normalización del léxico informativo en España e Hispanoamérica.
Está dividido en tres
partes: "Normas de redacción" (ortografía, morfología, léxico,
observaciones gramaticales); "Transmisión" —no escrita por Fernando
Lázaro—(preparación del texto, perforación y montaje en las pantallas,
proceso de edición en la central, clasificación de noticias,
claves...), y "Observaciones sobre léxico". El núcleo de ese libro
sigue estando presente, con muchas cosas idénticas, que no se han
tocado, en las sucesivas ediciones, hasta la undécima.
En la introducción,
Luis María Ansón nos explica el porqué de la obra: "El deterioro
progresivo que el idioma está padeciendo en los medios de comunicación,
por un lado, y, por otro, la expansión nacional e internacional de la
agencia, y la necesidad de afianzar a aumentar su prestigio, aconsejan
realizar un nuevo esfuerzo tendente a la deseada homogeneidad de
criterios idiomáticos: Las Normas han sido ampliamente
consultadas, y sus prescripciones y consejos están abiertos a la
crítica de todos cuantos trabajamos en la agencia, para perfeccionarlas
en sucesivas ediciones."
( ... ) " Conseguir
una neutralización del estilo —que no debe confundirse con un estilo
'neutral', permanentemente insípido— constituye una obligación si se
piensa en el importante papel que la Agencia EFE desempeña en la
difusión del idioma, tanto en España como en América. La unidad de la
lengua es un bien que importa defender en el seno de la comunidad
hispanohablante. Hoy la prensa, la radio y la televisión ejercen una
influencia idiomática superior a la del sistema docente. Sin
exageración puede afirmarse que el destino que aguarda al español —o a
cualquier otro idioma— está en sus manos. Y la responsabilidad que
corresponde a nuestra agencia es cuantitativamente muy superior a la
que alcanza a un medio de comunicación aislado: He aquí un motivo más,
e importantísimo, para que el estilo de nuestros despachos sea
aceptable por todos, no vulnere los usos comunes, no acoja
particularidades locales o de sectores, no difunda neologismos
innecesarios o rasgos que obedecen a una moda pasajera..."
El autor, Fernando
Lázaro Carreter, no siguió ningún modelo en la elaboración del libro,
aunque sí se refiere de vez en cuando al Manual anterior. Lo
que sí hizo fue una especie de cursillo en la Agencia EFE en el que
estableció contacto con redactores de distintos departamentos y
secciones y se reunió con los más atentos y aficionados a las
cuestiones del uso del idioma. Y antes de llevar los originales a la
imprenta hubo varias reuniones para corregir, añadir o suprimir, para
sugerir o para rectificar, hasta llegar al texto definitivo, cuyos
primeros 2.000 ejemplares salieron el 22 de diciembre de 1978. Es
curioso constatar que, por coincidencia de fechas, es muy probable que
al mismo tiempo, también en Madrid, alguien o algunos estuvieran
preparando la que sería la primera edición del Libro de Estilo del diario El País.
La segunda edición del Manual de Estilo
de la Agencia EFE apareció en 1980 y su principal diferencia con la
precedente es la ampliación del capítulo titulado "Sobre léxico"
gracias a la autorización de Manuel Seco, de la Real Academia Española,
para emplear libremente su Diccionario breve de dudas de la lengua española.
Luis María Ansón, en
la presentación del libro titulada "Palabras preliminares", explica
cómo sigue su proyecto de trabajar en pro de la unidad del español:
"Los servicios de la Agencia EFE llegan hoy instantáneamente a los
teletipos de los principales periódicos impresos, hablados y
audiovisuales del mundo hispánico. Por primera vez existe un
instrumento capaz de evitar el colonialismo al que tradicionalmente
estaba sometida nuestra lengua por las grandes agencias estadounidenses
en los medios de comunicación iberoamericanos. Este Manual de Estilo
ha sido un primer paso para crear en la Agencia EFE un 'Departamento
del Español Urgente', del que formarán parte académicos y catedráticos.
Se trata de dar respuesta inmediata a las dudas sobre expresiones,
palabras y nombres propios, evitando a tiempo que se generen los
anglicismos. La fuerza de la prensa, y sobre todo de la radio y la
televisión es tan grande que se hace necesario divulgar con rapidez el
término correcto".
Y ese Departamento de Español Urgente (DEU) que Ansón anunciaba en la segunda edición del Manual
comenzó a funcionar el mismo año de 1980, en octubre, y los filólogos
que comenzamos a trabajar en la labor diaria de lectura y corrección de
las noticias y en la atención a las consultas que nos llegaban por
teléfono y por el teletipo, nos encontramos con esa segunda edición
como principal herramienta de trabajo.
Además del equipo de
filólogos dedicados a las tareas diarias del Departamento, Ansón fundó
un Consejo Asesor de Estilo formado por cuatro miembros de la Real
Academia Española (Fernando Lázaro Carreter, Manuel Alvar, Antonio
Tovar y Luis Rosales) y el secretario general de la Asociación de
Academias, el académico colombiano José Antonio León Rey; equipo que se
reunía periódicamente en la agencia para supervisar el trabajo del
Departamento de Español Urgente, dictaminar sobre asuntos de dudosa
resolución, y establecer una vía de contacto permanente entre la Real
Academia Española , Asociación de Academias de la Lengua Española y la
Agencia EFE.
En 1981 se publicó la tercera edición del Manual de Estilo,
muy ampliada con respecto a la anterior. En su redacción participaron
los miembros del Consejo Asesor y los filólogos del DEU aprovechando
los materiales surgidos durante los primeros meses de funcionamiento
del departamento. Luis María Ansón, en las palabras preliminares,
explica su preocupación y la de la Agencia por el efecto que la
naciente informática podrá tener sobre el español: "Al arrollador acoso
del colonialismo cultural anglosajón habrá que unir el asalto de la
informática. De ella se derivará, si no se hace frente al nuevo
fenómeno tecnológico, la uniformación y simplificación del lenguaje.
Las computadoras meterán en el congelador al idioma, que debe ser
caliente y popular. (...) Con la mayor modestia, la Agencia EFE ha
estudiado el problema y ha hecho y se propone hacer el máximo esfuerzo
dentro de los medios a su alcance: Este Manual de Estilo que el
lector tiene entre las manos y el 'Departamento de Español Urgente',
pretenden contribuir, aunque sea mínimamente, al colosal esfuerzo que
la cultura hispánica debe realizar en los próximos años para responder
al desafío de la nueva tecnología de la información".
El gran éxito del Manual
entre los periodistas, los estudiantes de ciencias de la comunicación y
los interesados en tener un libro para resolver sus dudas en el uso del
español actual hizo que las peticiones para conseguirlo fueran muy
numerosas, y, como se trataba de un libro hecho por la Agencia para ser
usado por sus trabajadores, no estaba a la venta en las librerías y no
tenía distribución en América. La primera edición venal del libro fue
la cuarta, publicada en 1985 con el título de Manual de Español Urgente y el subtítulo de "4ª edición corregida y aumentada del Manual de Estilo
de la Agencia EFE". De la edición y la distribución se ocupó Ediciones
Cátedra, y sigue haciéndolo en la actualidad. En el momento de la
aparición del Manual de Español Urgente Luis María Ansón ya no era presidente de EFE, y en su lugar estaba el también periodista Ricardo Utrilla.
En este manual se
trata únicamente de normas gramaticales y léxicas para el buen uso del
español, y se anuncia el propósito de editar otro libro aparte con las
normas específicas para la redacción eficaz de despachos informativos.
Dicho libro aparecería en 1988 con el título de Normas Básicas para los Servicios Informativos y actualmente se está preparando una nueva edición corregida, aumentada y actualizada.
Aparecen por primera
vez los capítulos titulados "Sobre transcripción", "Algunos gentilicios
que se prestan a confusión", "Lista de gobernantes" y "Siglas y
abreviaturas".
En 1989 apareció la siguiente edición del Manual de Español Urgente (5ª edición corregida y aumentada del Manual de Estilo
de la Agencia EFE), siendo presidente de la agencia Alfonso Sobrado
Palomares, quien, en una introducción titulada "Un manual al día del
español urgente" explica: "En el año de su cincuentenario, EFE ha
tenido el honor de que un miembro de su Comisión Asesora de Estilo, don
Manuel Alvar, haya sido elegido director de la Real Academia Española.
En el homenaje íntimo que la agencia ofreció a sus asesores con tan
grato motivo, el director de la Real Academia Española ponderó el
caudal idiomático del que la agencia dispone diariamente y resaltó su
importancia en la tarea unificadora de la lengua. Elogió el trabajo
diario de los filólogos del Departamento, 'que son mucho más rigurosos
que nosotros', y se felicitó de la colaboración entre la Academia y la
Agencia EFE...".
Las cuatro
siguientes ediciones (6ª, 7ª, 8ª y 9ª) más que ediciones fueron nuevas
tiradas de la 5ª edición, pues no fueron retocadas en lo más mínimo. La
decisión de reimprimirlas no fue de EFE sino de Ediciones Cátedra.
La décima edición del Manual de Español Urgente
salió en 1994, y sus consejos y advertencias se pusieron al día con la
última edición del Diccionario de la Real Academia, aparecida en 1992.
Se añadió un capítulo sobre la lengua hablada en el que se advierte
sobe la pronunciación, dirigido al servicio de televisión de la
agencia; se ampliaron los capítulos de siglas, gentilicios dudosos, los
términos del lenguaje económico, y se pusieron al día la ortografía
correcta y la transcripción de los políticos y dirigentes de los países
que no usan el alfabeto latino, lista que hubo de ampliarse con todas
las repúblicas que antes formaban parte de la Unión Soviética y de
Yugoslavia.
El entonces director
de información de la Agencia, Carlos González Reigosa, dice en el
prólogo: "En el propósito de mantener la unidad del idioma los medios
de difusión han de desempeñar un papel fundamental, y el Departamento
de Español Urgente trabaja con esa intención. A tal fin solicita la
colaboración de cuantos trabajan en la agencia, no sólo aceptando estas
recomendaciones, aunque resulten discutibles —más vale un mal acuerdo
que el desacuerdo y la dispersión totales—, sino haciéndoles llegar
advertencias y propuestas, en la seguridad de que serán inmediatamente
atendidas. Esta invitación se extiende a todos los profesionales de la
información, tanto de nuestro país como de América, que se sientan
interesados por la mejora y unidad del español en las comunicaciones,
empresa que, desde la fundación del departamento, constituye uno de los
principales objetivos de EFE".
Y llegamos a la undécima edición del Manual de Español Urgente,
aparecida en 1995. Fue fruto de una revisión muy minuciosa de la
anterior, y también de todos los manuales y libros de estilo que habían
ido apareciendo, de los que se tomaron algunas recomendaciones y datos
que ayudaron a completar nuestro libro.
En principio, si las
cosas fueran como debería ser, esa undécima edición, de 1995, sería la
última, a la espera de una revisión y actualización que comenzó hace ya
varios años. Pero volvió a suceder lo que ya ocurrió con las ediciones
sexta, séptima, octava y novena, es decir, que Ediciones Cátedra hizo
una nueva tirada de la undécima y la llamó duodécima edición corregida
y aumentada, cuando lo único que cambió fue ese número, de once pasó a
doce, y el año de edición, que de 1995 pasó a 1998. También estas
pequeñas o no tan pequeñas anécdotas forman parte de la historia de los
manuales de estilo.
Libro de redacción de EL PAÍS
Un año y medio después de la aparición del diario El País, (3) en noviembre de 1977, se publicó la primera edición de su Libro de Estilo,
libro que en aquel entonces era apenas un sucinto cuadernillo de uso
interno. Dos años después, en 1980, Julio Alonso se encargó de la
segunda edición, un pequeño libro que seguía siendo de uso interno,
pero que ya se vendía en las librerías de algunas Facultades de
Ciencias de la Información y que también podía adquirirse en la sede
del periódico. De la tercera edición, aparecida diez años después, en
abril de 1990, se ocupó el periodista Álex Grijelmo, y ese fue el
primer Libro de Estilo de El País que se distribuyó en todas
las librerías. Para su confección Álex Grijelmo se basó en informes
elaborados por especialistas en lenguaje periodístico y en los
distintos lenguajes utilizados en el periódico pertenecientes a las
diferentes secciones que lo componen. También consultó Álex Grijelmo el
Manual de Español Urgente de la Agencia EFE, que entonces iba por su quinta edición.
En 1996 se hizo una
revisión profunda del libro coincidiendo con el vigésimo aniversario de
la aparición del periódico. Y actualmente ya van por la duodécima
edición y el coordinador de las sucesivas revisiones sigue siendo Álex
Grijelmo. Además, los periodistas de El País pueden consultar el Libro de Estilo directamente en las pantallas de sus ordenadores
En la primera parte del libro hay una serie de apartados en los que se explican cuestiones periodísticas, tipográficas, ortográficas y gramaticales. La segunda parte y la más extensa se titula "Diccionario" y es eso: un diccionario de dudas en el que se recogen las voces más frecuentes en los medios de comunicación. Le sigue un listado de siglas con sus correspondientes explicaciones y después unos apéndices con listas de nombres propios y pesos y medidas.
Libro de redacción de LA VANGUARDIA
La primera edición, subtitulada "edición experimental" del Libro de Redacción de La Vanguardia
apareció en septiembre de 1986. Según nos explican en la presentación,
el origen del libro está en un prontuario de estilo redactado en 1982
por el periodista José Casán Herrera. Ese material, más de 2.000
páginas ordenadas alfabéticamente fue entregado por el director de La Vanguardia,
Francisco Noy, a los profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona
José Manuel Blecua y Juan Carlos Rubio, que se ocuparon de la redacción
definitiva de acuerdo con las directrices del Equipo Directivo de la
Redacción de La Vanguardia. De la redacción de la parte
dedicada a redacción periodística y de la coordinación de la edición se
ocupó el periodista y profesor Josep María Casasús. Según me ha contado
uno de los autores, José Manuel Blecua, uno de los puntos más
destacables y destacados del proyecto fue que se trataba de la
creación, por primera vez, de unas normas para una periódico escrito en
castellano y publicado en Cataluña, con las posibles variantes que ello
implicaba respecto a otros libros escrito para el ámbito
hispanohablante. Como obras de referencia se usaron los libros de
estilo de la Agencia Efe y de El País.
El
libro comienza con dos apartados en los que se tratan cuestiones
propias del periodismo, titulados "Principios editoriales" y "Normas
generales de redacción". Después comienza la parte dedicada al uso del
español, dividida en "Problemas de ortografía", "Problemas de
morfología", "Problemas de gramática" y varios apéndices dedicados a
resolver dudas léxicas, de nombres propios, topónimos, siglas,
locuciones latinas y medidas y equivalencias. Termina el libro con otro
capítulo dedicado a asuntos periodísticos.
Tanto el Libro de Estilo de El País, como el Libro de Redacción de La Vanguardia
contienen, además de normas y consejos sobre el uso del idioma en los
respectivos periódicos, uno o más capítulos dedicados a cuestiones
periodísticas y a lo que es propiamente el estilo propio de cada uno de ellos.
Al revisar los libros
comentados en este trabajo y los otros que no menciono porque la lista
se haría larga y muy aburrida, he podido comprobar la importancia que,
afortunadamente, algunos medios de comunicación le dan a la autoridad
lingüística de la Real Academia Española, pues, además del Manual de EFE, que ya hemos visto que en gran parte está redactado por el anterior director de la docta casa, los prólogos del Libro de Estilo de ABC y del Manual de Estilo de TVE están firmados también por Fernando Lázaro Carreter, y el prólogo y la supervisión del Libro de Estilo
de Canal Sur fueron obra de Manuel Alvar, director de la Academia antes
que Lázaro Carreter. Y acabamos de ver que gran parte del Libro de Redacción de La Vanguardia fue obra de José Manuel Blecua, miembro correspondiente de la Española.
En la larga lista de
libros de estilo hay también muchos de periódicos, radios y
televisiones americanos; sólo de diarios bonaerenses hay tres: el Manual de Estilo y Ética Periodística de La Nación (4) y el Manual de Estilo de Clarín, (5) ambos publicados el año pasado, y el más reciente, aparecido apenas hace cinco meses, titulado Cómo leer el diario,
y que es uno de los pocos casos en los que el libro de estilo se edita
antes de la aparición del periódico, un nuevo diario llamado Perfil. (6)
En la segunda parte
del título de este artículo se menciona la "necesidad de un acuerdo", y
esa necesidad se percibe hojeando los libros de estilo aparecidos en
España y en América en los últimos años, pues nos encontramos con que,
sobre todo en el caso de los publicados en España, muchos de ellos, la
mayor parte, son copias de otros, especialmente de los dos pioneros: el
Libro de Estilo de El País y el Manual de Español Urgente de la Agencia EFE, y ya se está produciendo el fenómeno de los libros clónicos, de los que es claro ejemplo el del diario ABC,
cuyos autores recopilaron todo lo publicado hasta el momento y tomaron
lo mejor de cada uno para así lograr un buen libro de estilo; pero el
problema es que en ocasiones, no precisamente en el caso del libro de ABC,
aparecen incluso las mismas erratas, y estamos en un momento en el que
ya todos nos copiamos y no logramos escapar de ese círculo vicioso.
Hojeando el libro de estilo más reciente, el del diario Perfil de Buenos Aires, pude comprobar que había partes copiadas al pie de la letra del Manual de Español Urgente
y, sin embargo, cosa por demás muy habitual, no hay ninguna mención a
nuestro libro en los dos párrafos en los que se enumeran los libros
consultados para la confección del suyo.
Esa constatación y el
hecho de que ya en algunas ocasiones, en congresos y seminarios, se
hubiese mencionado la necesidad de un acuerdo, de un libro común para
todos los medios de comunicación en español, fue el origen del Proyecto Zacatecas,
presentado por Álex Grijelmo, periodista del diario El País y el autor
del presente artículo en abril de 1996 en el I Congreso Internacional
de la Lengua Española "El español y los medios de comunicación", en la
ciudad mexicana de Zacatecas.
Esa necesidad de
llegar a un acuerdo también la mencionó, hace ya casi diez años,
Fernando Lázaro Carreter, cuando fue elegido por primera vez como
director de la Real Academia Española. Y en los prólogos escribió, como
antes cité, para los manuales de estilo del diario ABC y de
TVE, ambos editados en 1993, Fernando Lázaro también comenta esa idea,
y dice en el prólogo al Manual de estilo de TVE: "El ideal sería la
elaboración de unos acuerdos idiomáticos comunes a todos los medios de
difusión, los cuales no tendrían por qué dificultar las diferencias de
estilo entre los diversos medios: con una sola baraja pueden jugarse
juegos muy distintos, incluido el solitario. Para ello, sería de la
mayor importancia la colaboración entre los periodistas, que tienen hoy
el poder idiomático, y la Academia, que tal vez posee la autoridad (y
que no propugna el 'estilo académico' que, como tópico descalificador,
se le atribuye)". Y en el prólogo del Libro de Estilo de ABC
repite esas intenciones con estas palabras: "Los libros de estilo que
difieren, como es natural en la definición de lo que podemos llamar la
personalidad del medio al que sirven, han de coincidir forzosamente en
gran parte de sus prescripciones idiomáticas. Sería ocioso repetir
éstas en todos ellos, si fuera posible acordar a todos los medios de
comunicación de España y América hispana en un comportamiento común
ante los neologismos (no siempre de rechazo), y ante el empobrecimiento
que, en sus dos orillas, está experimentando el idioma".
En Zacatecas tuve la
oportunidad de recordar otras menciones explícitas de esa necesidad de
acuerdo en las que tuve la suerte de estar presente e incluso de ser
partícipe, ocasiones que creo también interesante recordar hoy aquí: en
1990 se celebró en Madrid un congreso internacional organizado por la
Agencia EFE y titulado "El español en las agencias de prensa", y
revisando el libro de actas, (7) publicado en 1991, vi que entre
las conclusiones-intenciones finales había una en la que se recomienda
la elaboración de un libro de normas de redacción que sirva para todas
las agencias de prensa que redactan noticias en español.
En ese mismo libro de
actas puede leerse el pequeño debate que hubo en el congreso sobre qué
es un "Libro de estilo", y el acuerdo final de que al referirnos sólo a
las normas para el correcto manejo del español en la prensa no debemos
hablar de estilo, sino de normas gramaticales y léxicas, ya que la
ortografía, la sintaxis, el diccionario de dudas, las listas de siglas
y las de topónimos, que viene a ser el contenido de un libro de ese
tipo, no tienen nada que ver con el estilo.
También comenté en Zacatecas que
en 1992, en el "Congreso de la Lengua Española" que se celebró en
Sevilla y que fue el embrión del de Zacatecas, en la sección dedicada a
"La lengua española y la prensa escrita", Milagros Sánchez Arnosi
presentó un "Informe sobre los libros de estilo" (8) y dijo que
"sería deseable una total puesta en común de todos los periódicos que
han elaborado un libro de estilo, con el fin de unificar criterios,
mejorar la prensa en la lengua escrita, contribuir de manera conjunta
al decoro del idioma y, en definitiva, a una mejor competencia
lingüística". En esa misma sección del congreso, Clara Eugenia Lázaro
Mora, correctora de estilo del diario ABC y coautora del Libro de Estilo
de ese periódico, solicitó "la ayuda y colaboración de la Real Academia
Española" y pidió que esa institución llevase "cuanto antes a la
práctica su idea de reunirse con los medios de comunicación para
elaborar entre todos, y bajo su coordinación, un conjunto de normas
periodísticas específicas para el lenguaje periodístico, es decir, un Manual para todos los medios de comunicación españoles y, si es posible, también hispanoamericanos". (9)
Y yo me atreví, en ese mismo congreso de Sevilla, a proponer la
elaboración de un cóctel en el que los ingredientes fuesen todos los
manuales y normas de redacción periodística existentes, que, una vez
bien mezclados en la coctelera, diesen como resultado una mezcla
homogénea que sirviese para unificar criterios y evitar la dispersión y
la fragmentación del español periodístico. (10)
Y en esas dos primeras
ocasiones, en 1990 y en 1992 ocurrió, como tantas otras veces en
situaciones semejantes, que las conclusiones-intenciones-proyectos con
los que se clausuran los congresos, nunca llegaron a ser una realidad.
Pero afortunadamente se cumplió el dicho y a la tercera fue la vencida,
y el proyecto presentado en Zacatecas dio algunos pasos durante 1997,
1998 y 1999 y consiguió algo necesario para que estas cosas funcionen:
dinero.
En la bibliografía que presentamos en Zacatecas había 163 obras, (11)
entre diccionarios generales, diccionarios de dudas, léxicos
especializados, libros y manuales de estilo, actas de congresos sobre
la lengua, apuntes de trabajo de algunos medios, recopilaciones de
artículos sobre el uso de la lengua en la prensa… Y cómo no, esa
bibliografía ha crecido algo desde entonces, pues han aparecido otros
libros de estilo, ya he comentado el caso del libro del diario Perfil de Buenos Aires, y nos han llegado noticias de otros que ya existían y no conocíamos.
De esas más de 163 obras que ya están en nuestra lista, alrededor de un tercio son manuales o libros de estilo, (12)
llamados también normas de estilo, normas de redacción, y de ellos la
mitad son americanos; son los libros o manuales de estilo de algunos de
los principales medios de comunicación americanos: las agencias de
prensa Notimex (México), Colprensa (Colombia), Venpress (Venezuela),
Telam (Argentina), Associated Press (Estados Unidos), Prensa Latina
(Cuba); los diarios Clarín (Argentina), El Nuevo Herald (Estados Unidos), El Panamá América (Panamá), El Peruano (Perú), La Voz del Interior (Argentina), y emisoras como Radio Caracol de Colombia.
Además de elaborar esa
lista exhaustiva, Álex Grijelmo y yo, antes de ir a México, hicimos
otra cosa muy necesaria para el proyecto: buscar cómplices para nuestra
aventura. Escribimos una carta dirigida a los directores de los
principales medios de comunicación del mundo hispanohablante y los
Estados Unidos, en la que les contábamos nuestro proyecto, les
solicitábamos su adhesión, les instábamos a contarnos sus problemas en
el uso del español que se dan en sus medios, y, finalmente, les
rogábamos que si tenían algo parecido a un libro de estilo, aunque
fuesen unas hojas fotocopiadas, nos lo enviasen para engrosar la lista
de la que antes hablábamos.
Recibimos bastantes adhesiones y entre los medios de comunicación dispuestos a participar en el proyecto, además del diario El País y la Agencia EFE, están, entre otros, la agencia Notimex y el diario El Universal de México; la agencia Prensa Latina, de Cuba; la agencia Colprensa, de Colombia; el diario El Tiempo, de Bogotá; El Nuevo Herald, de Miami; Radio Nacional de España; Radio Caracol, de Colombia, y el Canal Once TV, de México.
Ya he dicho que es un
proyecto que dio sus primeros pasos, y lo hizo gracias al patrocinio
del Instituto Cervantes, y, a finales del verano de 1998 ya había una
persona trabajando en la digitalización de los materiales recogidos;
pero, desafortunadamente, los últimos cambios en la dirección de esa
institución han producido un parón, espero que momentáneo, en nuestro
proyecto de redactar un manual de uso del español periodístico con el
acuerdo mayoritario de toda la prensa del mundo hispanohablante.
Así, el futuro del Manual de Español Urgente
de la Agencia EFE y el de muchos otros libros parecidos está pendiente
de ese acuerdo, y mientras tanto, gracias al gran desarrollo de la
cibernética, los que trabajamos en cosas parecidas estamos en contacto
casi permanente a través del correo electrónico y de las ediciones de
nuestros trabajos en la Internet. Y ese es uno de los medios en los que
se moverá el futuro, ya muy inmediato, de nuestro Manual y del
resto de los libros de estilo: la Internet, pues nos permitirá tener al
día los libros sin necesidad de esperar a la edición en papel, que no
por ello dejará de existir.
En la página de Internet de la Agencia EFE (http://www.efe.es) ya puede consultarse el capítulo "Sobre léxico" del Manual de Español Urgente, así como los dos volúmenes íntegros de otro de los libros producto del trabajo del departamento: el Vademécum de Español Urgente,
en el que se recogen las "notas interiores" redactadas semanalmente
(desde hace ya algunos años) por el Departamento de Español Urgente y
repartidas entre los periodistas de la agencia, en las que se advierte
sobre los malos usos que van surgiendo en la redacción de las noticias.
Y en la página de Internet del Instituto Cervantes, llamada Centro
Virtual Cervantes, en su día, se irán publicando los avances que se
produzcan en el Proyecto Zacatecas.
NOTAS:
Dary, David. Manual de noticias radiofónicas. Diana, México, 1964.
Nespral, Alejandro. Normas de estilo periodístico. El Coloquio, Buenos Aires, 1974.
El País apareció el martes 14 de mayo de 1976.
La Nación. Manual de Estilo y Ética Periodística. Espasa Calpe, Buenos Aires, 1997.
Clarín. Manual de Estilo. Clarín / Aguilar, Buenos Aires, 1997.
Perfil. Cómo leer el diario. Libros Perfil, Buenos Aires, 1998.
El idioma español en las agencias de prensa.
Compilación de Fundación Germán Sánchez Ruipérez y Agencia EFE;
compiladores Pedro García Domínguez y Alberto Gómez Font. Madrid,
Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1990.
Actas del Congreso de la lengua española. Madrid, Instituto Cervantes, 1994. (Página 81)
Op.Cit. página 95.
Op.Cit. página 93.
Véase el apéndice nº1
Véase el apéndice nº2
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